La Dictadura de Primo de Rivera fue el régimen político que hubo en España desde el golpe de Estado del capitán general de Cataluña, Miguel Primo de Rivera, el 13 de septiembre de 1923, hasta la dimisión de éste el 28 de enero de 1930 y su sustitución por la llamada Dictablanda del general Dámaso Berenguer.
A pesar de sus esfuerzos de regeneración y el inmenso progreso de la economía y las infraestructuras, la Dictadura fue capaz de estabilizar la situación política durante un largo periodo, pero a finales de la Dictadura se produjo una crisis política que desprestigió al rey Alfonso XIII y allanó el camino a la Segunda República española.
En este clima, los partidos tradicionales de la Restauración fueron debilitándose mientras que los partidos republicanos y los movimientos obreros (CNT, PSOE-UGT) fueron calando entre la población y mellando el sistema. La Primera Guerra Mundial trajo un periodo de pujanza económica mediante un auge de exportaciones a los países combatientes, pero supuso también un desabastecimiento interno y un alza de precios amén de no traer la inversiones que eran necesarias, por lo que las condiciones económicas de buena parte de la población no mejoraron. En cambio, la Revolución rusa sí causó un hondo efecto, convirtiéndose en referente del movimiento obrero revolucionario y alarmando a la burguesía. El final de la guerra acabó con la pujanza económica y, gracias al auge nacionalista en el Tratado de Versalles, motivó a los nacionalismos peninsulares.
